Perdida y encontrada en la maravillosa Split

Si en la ciudad antigua de Split no te perdiste, creo que estuviste en otro lugar. Sus angostitas calles peatonales con sus altas edificaciones hace que los caminos los transites rodeado de un viaje a la historia, de muchos pasos andados por esas veredas de piedra, seguidos de sombras por donde se quiera ver. Una ciudad con perseguimiento, batallas y en la actualidad un escenario de fortaleza e independencia redimida, un tesoro arquitectónico y de conservación desigual. (Declarada Patrimonio de la Humanidad)

Conocerla es un compromiso si estás con planes de viajar a Croacia, su conexión a otras partes del país es sencilla por agua o aire, no hice otras pruebas aunque por consulta a blogs sus rutas son cómodas y con paisajes atractivos para hacer paradas con el auto. Desde su puerto salen cantidades de ferrys a las islas y otros puntos, también hacia Dubrovnik o mucho más cerca Trogir, otro lugar encantado que visitar. El aeropuerto está muy cerca de la ciudad y llegar de un vuelo internacional es ocasión para que un bus te espere en la puerta y te lleve muy cómodo por un precio accesible al bolsillo de un mochilero. El destino, es el puerto de Split, de allí el recorrido hacia un ferry para zarpar a tantas de sus islas o dirigir tus pasos a tu alojamiento para sumergirte en esta maravillosa ciudad, todo paso a paso, cerca y deslumbrante perdiéndote para encontrarte.

Es que es en Split que uno se pierde para viajar en la aventura de volver a encontrarse, no importa cuanto tiempo pueda llevarte, lo importante es andarlo, sentirlo y disfrutarse dentro de esa travesía. Pero si te corre la prisa tampoco te preocupes, porque pronto caes en una de sus plazas centrales del Palacio Diocleciano o Catedral de San Diamo. Lamento romper la magia, pero la incertidumbre solo dura un rato, por más que te gires y marees con los ojos tapados, cual juego de la infancia, en la ciudad antigua de Split las distancias son cortas, y las referencias de ubicación para mi han sido las plazas, que como en muchos lugares de Europa, las conocemos como espacios amplios edificados, sin pasto o arboles, pero nunca faltará un reloj o centro gastronómico que convoca a todos los que por allí paseamos.

Las escalinatas de la catedral son los asientos para hacer una pausa, a modo mochilero sacando tu sándwich o con una dosis de glamour, en los almohadones que bien acomodaron los bares circundantes para alcanzarte allí lo que quieras probar. Y  sí que lo es, un momento para apreciarte como emperador en tu palacio. No tiene límite tu imaginación, si miras arriba y te dejas llevar por la altura de su torre, todo lo demás es abierto, el cielo únicamente te detiene.

Una ciudad que encanta y transporta, con amplia oferta gastronómica, mercados y dietéticas, tiendas de indumentaria y souvenirs, barcitos y todo lo que uno se imagina para completar sus paseos en un día de viaje. 

Podes entrar al recorrido de la cúpula de la catedral para conocer la ciudad desde su altura, también podes fotografiarte con sus gladiadores, pasear por su Riva, descansar en sus playas, pero lo que no deberías dejar de hacer es visitar el bar que te hará tomar otro viaje, uno de arte y literatura. En sus pasadizos encontrarás lo que fue la casa natal del padre de la literatura croata, Marvlvs Library Jazz Bar es un espacio que guarda una atmósfera difícil de transmitir en palabras, ya que la armonía en su música, la calidez de su iluminación, la ambientación arquitectónica en piedra cubiertas sus paredes por libros, los espacios privados para uno contemplarse en una época distinta a la actual te transportan sin siquiera intentarlo. Allí te espera Tin Bojanić y el equipo de gente que te acompañarán en este capítulo que te llevas narrado en tu experiencia de tan mágica ciudad.

Comunicadora

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